Carta al Maestro
Jorge M. Crecis Eter Danz@ Mar. 2008
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Querido maestro:

Hoy experimento un camino propio, mío. Hoy soy afortunado, pues busco, estoy avanzando hacia nadie sabe donde, en el camino me voy enriqueciendo de Belleza, me siento vivo, empiezo a ser consciente de las bases donde se asientan mis fuerzas e intento desplegarme sobre ellas.

Es ahora cuando empiezo a independizarme de tus enseñanzas, ahora que como artista empiezo a encontrar mi camino, es ahora que necesito reconciliarme contigo como padre creador de mi arte.

El comienzo en el que confiaba en tu palabra sobre todas las cosas. Solícito y admirador tuyo, reverencias y alabanzas infinitas a tu bondad, a tu entrega ciega y generosa de todo tu saber hacía mi. Esperaba tu valoración positiva, tenía miedo a tus reproches que solo buscaban mi bien… así es como lo veía todo al principio.

Hubo un momento en que la devoción se convirtió en exigencia, momentos de pataleo en los que silenciosamente exigía formar parte del selecto grupo de los escogidos. Y es que como leí no hace mucho tiempo “no hay nadie más vanidoso, nadie más pendiente de eco y del asentimiento que el hombre dedicado al arte, y de hecho el asentimiento y el eco le resultan absolutamente necesarios” (Hermann Hesse)

Pido disculpas por ello.

Que mi nombre no estuviera en tu boca, o en tu boca no apareciera la palabra, la sonrisa o el gesto aprobador, para mi se convertía en doloroso desprecio. Y claro que no puedo hablar de culpas por tu parte, pues tú me dabas lo mismo que a los que yo creía tus favoritos, las mismas herramientas, la misma información…

Sólo me faltó la confianza ciega que a otros si dabas. Hacia otros; hoy puedo entender. Mi desarrollo me ha permitido conocer que irremediablemente encontramos una conexión más cercana con un conjunto de personas muy reducido, de todas las que por nuestra vida se nos cruzan, sin ser mejor o peor… sólo afinidades, sólo química, amor para dar, pero no a todo el mundo por igual.

Hoy eso puedo agradecértelo. Me forjé más independiente del reconocimiento exterior y más sutil para captar la información que sobrevuela constantemente sobre nosotros. Aunque es cierto que en muchos momentos necesité tu consejo, ver reflejado en tus palabras el camino que me haría más fuerte. Esto no lo tuve. Si lo tuve fueron acotaciones o palabras inconexas que no estoy seguro si escuché o por desearlas tan fuerte me las inventé y las interpreté cuando nunca quisiste decir eso. Nunca lo sabremos pues las interpretaciones son así de impertinentes…

Algo más adelante pensaría que solo buscabas ensalzar tu gloria personal y aumentar la distancia que por naturaleza disminuía entre alumno y profesor. Sentía tu egoísmo al no querer darme más.

Hoy me doy cuenta que tanto mi deslumbrada admiración como mis censuras no se parecen más a la verdad que lo que mi imaginación, mis ganas y mis frustraciones querían que se pareciese.

Mis culpas, al igual que lo han sido a lo largo de la historia, son las de todo aquel que se inicia en un saber: la impaciencia, la soberbia, la negligencia… todo por querer ir más deprisa, más lejos y quererlo, ¡ya!

Es mi pasión la que me impulsa, incluso la que forma mis muecas desagradables cuando las enseñanzas no se dirigen hacía, a mi juicio (y ahí reside el problema), donde yo creo que debe dirigirse mi propia evolución.

Y es hoy que continuo mi adiestramiento, que intuyo el adulto que seré, que puedo darte las gracias por lo que soy y por lo que seré. Contándote lo que para mi fueron tus errores y sobre todo reconocer que hoy no estaría hablando de arte, de danza, de alumnos y profesores si en mi pequeña evolución, vosotros, los maestros que marcasteis mi camino no hubierais estado presentes.

Craso error de todo alumno, perder la confianza en su propio maestro y erigirse en su propio guía.

Hasta hoy estaba enfadado contigo. Pero este enfado, no era más que el fruto del dolor que me causaba no tener tu bendición por abandonar tu lado y comenzar otro camino, me faltó tu interés por saber como avanzaba o retrocedía mi formación sin ti, y me falta sentir que tu trato hacia mi no evoluciona y queda en verme como el novato inexperto que no sabe nada del mundo. Y es cierto que no sé nada del mundo, que tu experiencia y tu conocimiento no tienen comparación alguna con el pobre bagaje que me estoy formando, pero sí he construido los cimientos de unas ideas, una opinión, mi camino, y esto tampoco eres capaz de verlo, al menos no de demostrarme que puedes verlo.

Maestros he tenido más de uno, y aunque hoy sólo me dirija a ti, mis agradecimientos, réplicas, peticiones… mis palabras van para todos ellos.

Supongo que aceptar el suicidio voluntario que consiste en ofrecer todas las herramientas que posees para que tus alumnos algún día te superen como maestros renovados no tiene que ser fácil. Y éste sacrificio, hoy sin alcanzar todavía la meta que me impusiste con tu dote, puedo, quiero y debo agradecértelo.

Y así desde aquí te pido que si alguna vez el miedo hace acto de presencia porque alguno de los que hoy son tus alumnos, comienza a volar libre, comienza a tomar su camino, dale sólo tu bendición, seguro que un día te agradecerá, como yo hago ahora, que hayas sido su comienzo.

Y pido disculpas porque todas mis conjeturas, no son más que eso, puras conjeturas del adolescente que ya no es un niño (alumno) pero que tampoco es adulto (maestro)

Es verdad que los maestros artesanos que transmiten sus conocimientos al aprendiz para que continué la evolución del arte, son cada vez más escasos, dejando paso al profesor mercenario que cambia lo que un día fue (estoy seguro que un día sintió el arte en sus manos) su arte por unas monedas. Artistas con una gigantesca vocación de creadores y muy poca como formadores. Tengo que agradecer que este no fuera tu caso, aunque si el de muchos otros que me encontré por el camino. Profesores he conocido muchos, maestros he tenido muy pocos.

Si ser educador es difícil, serlo de un arte lo es doblemente, pues nos movemos en terreno de conjeturas, opiniones, sentimientos y abismos, modas, estéticas y metafísicas… donde el maestro se convierte en guía espiritual y/o sacerdote de ritos paganos.

Ahora sé que los guías cometen errores, a veces muy grandes, como todos los seres humanos, pero ahora tengo la distancia para estimarlos y comprenderlos como errores propios de un ser humano. Los dioses convertidos en tales por nuestra adoración o miedo, no cometen errores.

Hoy mi opinión es que confío tanto en el arte como opción de vida que vosotros, maestros del arte, tenéis un rol que en el fondo trata más del espíritu que del cuerpo… y cuando ésto falta solo quedan deportistas ocasionales.

Quiero escribirte y reconocer tus méritos mientas puedas escucharlos, mientras tu función para las generaciones que ahora vienen esté todavía vigente, y con la pequeña esperanza de que con estas pequeñas palabras puedas comprendernos un poco más


Jorge Crecis © 2017